martes, 17 de abril de 2012

La sìlfide el santo y el carro de fuego

Habìa una vez un hombre,
muy creyente y valiente,
soltero y bien parecido,
que se arrimò a una fiesta,
y conociò una sìlfide,
que tomò un cuerpo de mujer,
para platicar con èl.
Cuando la mujer dejò de servirle,
no dudò en mudarse.
El hombre ,solo y apesadumbrado,
sin màs esperanzas,
se sumergiò en las aguas,
a fin de pagar sus pecados.
Se entregò al Señor por completo,
y èl a su vez lo tomò.
El hombre se transformò en un santo,
y por más que la mujer lo requiriera de amores,
sòlo mimos y besos le prodigaba,
pues otra cosa no podìa hacer.
Castidad le habìa impuesto el Señor,
la que èl humilde aceptaba.
Pero las malas lenguas le acechaban,
y al notarlo la sìlfide,
urdiò un plan perfecto.
Y sucediò que toda mujer que le conocìa,
se querìa entregar a èl,
màs solo recordaban luego,
que habìan estado desnudas,
y luego nada màs.
Asì logrò la rencorosa sìlfide,
vengarse de las malas lenguas,
y hacìan excelente pareja.
Pasando desapercibido,
sin dañar a nadie.
Viajaba el santo en carro,
con gente hacia la ciudad,
cuando el diablo se subiò,
y avisado de las habilidades de ambos,
decidiò reverdecer su vara,
mojandola en un jarro,
y la sìlfide tentada,
tomo cuerpo de mujer,
sin saber lo acontecido,
y la mujer se entregò al santo,
y este la tomò ràpidamente,
y fuè un incendio el carro,
el diablo les hacìa arder la piel,
y avivaba el fuego de la pasiòn.
Aquel carro de fuego llegò a la ciudad,
con la mujer complacida,
y la sìlfide satisfecha,
y el santo sorprendido.
Desde entonces el carro,
circula por doquier.
Pero es de voluntad del Señor
que el santo no suba de nuevo al carro,
y sabido es que cuando la gente ve,
a un santo apesadumbrado,
le suelen decir inocentemente,
-Parece que se te ha pasado el carro-
porque todos saben que con èl,
tambièn se le pasò la alegrìa.
desde entonces se dice...
no hay vara que no reverdezca en un jarro,
ni santo que no se pierda un carro.

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